Arun Sarin o abandonar la empresa ‘como un señor’

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En un momento de turbulencias financieras hemos asistido a más despidos y dimisiones forzosas de las que estamos acostumbrados entre los altos cargos de las grandes multinacionales. Los números rojos de muchas empresas están destapando más errores de gestión, desconocimiento real de la operativa diaria y fallos generalizados de lo que cabría esperar en personas con sueldos millonarios. Sin embargo, hasta el momento han sido más bien pocos los presidentes y consejeros delegados que han decidido abandonar el barco de motu propio. Por eso sorprende todavía más el anuncio de la dimisión de Arum Sarin como consejero delegado de Vodafone, sobre todo después de los buenos resultados anunciados por la empresa.

Sarin se hizo cargo de la teleoperadora hace cinco años y bajo su mandato Vodafone ha vivido una etapa llena de cambios y marcada por la expansión internacional. En el ámbito estratégico el todavía consejero delegado ha apostado en los dos últimos años por las adquisiciones en países emergentes como Rumanía, República Checa, Turquía e India para tratar de compensar el menor crecimiento de Europa, donde la penetración de la telefonía móvil es ya muy amplia.

Sarin asegura que se marcha con la conciencia tranquila tras haber alcanzado los objetivos marcados a su llegada: desarrollar y poner en marcha una nueva estrategia en Vodafone. Lo que no se le puede reprochar es que se haya agarrado al sillón durante la tormenta. El mandatario deja teleoperadora con un beneficio cercado a los 8.270 millones de euros en su último ejercicio fiscal, cerrado en marzo, después de que el año anterior perdiese aproximadamente 6.800 millones de euros.

Ahora será Vittorio Colao, viceconsejero ejecutivo, quien asumirá el cargo de consejero delegado a partir del 29 de julio, pero la decisión de Sarin debería servir de ejemplo para más de un alto directivo. Una retirada a tiempo es una victoria, y más cuando está en juego el prestigio personal y el dinero de una empresa.