¿Deudas sanas? Analizar cuándo es gasto y cuándo inversión

Con la llegada de septiembre y la vuelta al cole, es normal que se acumulen gastos y que, por todos lados sucursal ideas, consejos y estrategias para ahorrar dinero. Sin embargo, la mayoría de estas ideas o consejos, se centran en los gastos pequeños o medianos. Y, realmente, aunque tienen impacto son muy importantes en el cómputo total del gasto de una familia, los grandes gastos como la hipoteca son el eje central del control de gasto en una economía familiar.

gastos y deudas

 

Es importante darse cuenta de que existe una controversia notable a la hora de analizar lo que se considera gasto y lo que no. Y probablemente, la hipoteca, como concepto de deuda sana, sea uno de los principales ejes de esa controversia.

Nos encontramos, inicialmente, con la idea de que al tratarse de una deuda a largo plazo que otorga la propiedad sobre un inmueble que se revalorizará, se debe considerar como deuda sana e inversión.

Esta idea no es del todo acertada, puesto que, si meditamos entre lo que es una salida de dinero o un gasto, nos daremos cuenta de que la hipoteca es un gasto más que debemos asumir. El razonamiento que lleva a esta conclusión es muy simple: para adquirir nuestro inmueble hay que abonar una cantidad de dinero de forma sistemática durante un gran periodo de tiempo. Y aunque se puede ver como una inversión patrimonial, la repercusión sobre nuestro bolsillo hace que la sintamos como un gasto, y no menor precisamente.

Y, además, no se trata de un gasto que podamos recortar como haríamos con el tema de la alimentación. Es una situación que también se da si compramos un vehículo, y en general con los productos de ahorro e inversión. Por ello, consideramos que prestar especial importancia a todos ellos nos garantizará el éxito en el ahorro.

Por qué también es importante prestar atención a los gastos grandes

Como veníamos diciendo, los grandes gastos son aquellos que, si escogemos de la manera equivocada o perdemos el control sobre ellos, pueden dañar nuestro bolsillo de una forma muy grave, y en algunos casos de manera permanente.

De nuevo, la hipoteca es un ejemplo muy claro sobre esto. No escoger la hipoteca adecuada puede acarrear un sinfín de problemas para el usuario. Algo que, a largo plazo, puede condenar por completo sus finanzas personales. Hacer frente a una hipoteca que no es apta para nuestros bolsillos, generalmente supone un sobrecoste de las cuotas o incluso llegar hasta el punto del endeudamiento. Se trata de una situación que es más común de lo que nos imaginamos, por eso es importante ser realistas, razonables y conscientes de los gastos a los que podemos hacer frente con nuestra nómina.

En el caso de los productos de ahorro e inversión ocurre algo muy parecido. No se suele considerar como un gasto, pero teniendo en cuenta que hablamos de una salida de dinero que no resulta retornable de forma instantánea, podemos considerarlo como uno. Por lo tanto, también en estos casos hay que ser precavidos y escoger de manera adecuada todo lo que contratamos.