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¿Qué es un gasto discrecional? ¿Y un gasto obligatorio?

La educación financiera es cada vez más importante. Desde pequeños, es necesario que tanto padres como profesores eduquen financieramente para poder entender , poco a poco, vocabulario que se utiliza en el día a día. Tarde o temprano, el uso del dinero o la primera tarjeta de débito obligará a los más pequeños a familiarizarse con términos financieros y cuanto antes empiecen mejor.

Sin embargo, el uso de palabras coloquiales entre los adultos o incluso el uso de términos incorrectos puede llevar al despiste. El mundo económico y de las finanzas engloba multitud de términos que , además, suelen utilizarse en contratos, documentos bancarios, etc.

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Impuestos, inflación, tipos de interés, superávit, fecha valor… Todas estas palabras se utilizan cada día y aparecen en los periódicos y noticias varias veces. Aunque la educación financiera pueda parecer que es propia de estudiantes y expertos de economía y materias relacionadas, no es así. Las finanzas y la economía es uno de esos temas del que todos necesitan saber en mayor o menor medida.

Elaboración de presupuesto, la forma más fácil de entenderlo

Un presupuesto es una relación de gastos e ingresos. Cualquier persona debería tener un presupuesto elaborado con un resumen mensual y con previsiones a corto-medio plazo. Sin embargo, para realizar un presupuesto es importante conocer los términos que se incluyen en él. Por ejemplo, gasto discrecional y gasto obligatorio.

La diferencia entre ingresos y gastos es evidente. Los ingresos es el dinero que llega a nuestra cuenta en forma de sueldo, paga, abonos, rentas por alquiler, etc. Los gastos es el dinero que sale de la cuenta en forma de compras, facturas, hipoteca, seguros, etc.

Como es lógico, modificar los ingresos es algo complicado. Por eso, la modificación (más bien reducción) de los gastos es la única forma de equilibrar un presupuesto o de ampliar previsiones. No obstante, hay diferentes tipos de gastos que se podrán cambiar con mayor o menos dificultad.

Gastos fijos obligatorios

Los gastos fijos obligatorios son aquellos que hay que pagar sí o sí. No se pueden modificar ni retrasar. Se pagan obligatoriamente. Se puede incluir la hipoteca, el alquiler, algunas facturas. Sin embargo, la forma más fácil de identificarlos es preguntarse ¿qué pasa si no los pagamos?

En este caso la respuesta es que se aplican gastos adicionales de demora. Esto supondrá un aumento de la factura y se convertirá en deuda. Pudiendo aumentar conforme pasan los días.

Gastos variables necesarios

Los gastos variables necesarios son aquellos necesarios para el día a día, necesarios para vivir, pero de los que podemos hacer un uso racional. Por ejemplo, en el supermercado. Se puede comprar un producto de marca blanca en vez de otro de un precio más elevado. Otro ejemplo podría ser el de coger el coche. El gasto en gasolina puede ser elevado si se coge el coche todos los días. Se puede racionar ese uso e ir andando o en transporte publico.

Sin embargo, también se pueden incluir gastos más grandes. Por ejemplo, se puede llevar a los hijos a un colegio público en vez de a uno privado.

Gastos discrecionales o superfluos

Son todos aquellos gastos que realizamos para cosas que nos gustan, pero que son totalmente prescindibles. Estos gastos son diferentes para cada familia u empresa, y, en general, no sirven para nada. No aumentan la calidad de vida de la familia pero sí reducen el dinero disponible del mes. Son cosas innecesarias que suelen dejarse olvidadas. Estos son los gastos que hay que eliminar a la hora de ajustar un presupuesto. Además, los gastos discrecionales cambian cada mes, por lo que es complicado incluirlos dentro de un presupuesto. 

Los gastos discrecionales son los que se asocian a necesidades personales y no a necesidades reales, como pueden ser los alimentos.

Son los gastos que satisfacen los caprichos o deseos.

Estos gastos también se pueden aplicar a una empresa, por ejemplo, compra de equipos nuevos cuando los antiguos pueden durar un año más, tarjetas para empleados, etc.

Sin embargo, no es fácil eliminarlos. La frase ‘por si acaso’ siempre estará ahí. Para incluirlos en un presupuesto se deberá hacer una lista mensual o semanal por separado para, posteriormente, incluirlo al presupuesto general.

Objetivo: seguridad financiera

El objetivo fundamental de saber diferenciar entre los diferentes gastos es poder eliminar los más posibles para llegar a la anhelada seguridad financiera. Hay que tener en cuenta que la seguridad financiera es diferente para cada uno y que , además, cambia a lo largo de la vida. Sin embargo, hay algunos puntos comunes a todas las personas que tienen seguridad financiera.

  • Lo primero de todo es que no tienen ningún tipo de deuda. También se incluyen aquellos que teniendo deudas, pueden hacer frente a ellas sin problema. Hay muchas personas que pueden pagar un determinado producto pero que deciden ponerlo a plazos para no pagar de golpe.
  • Las personas con seguridad financiera son capaces de aumentar y mantener sus ahorros cada mes.
  • No tienen ningún tipo de dificultad económica y tienen un ‘colchón’ para imprevistos.

Sin embargo, la mayoría de las personas no gozan de estabilidad ni seguridad financiera. Es uno de los objetivos de las familias aunque no resulta fácil, siempre está al alcance de todos. La posibilidad de controlar los gastos nos permite destinar dinero al ahorro y, aunque al principio se paguen deudas, llegará un momento en el que se pueda ahorrar.

El primer paso para conseguir la estabilidad financiera es conocer la situación económica que se está atravesando. Como señalábamos con anterioridad, todo empieza por un presupuesto mensual que nos permita hacer una valoración de los que ganamos y lo que tenemos que pagar. El paso siguiente será establecer unos objetivos financieros mensuales /anuales para el pago de deuda o el ahorro.

Según la OCDE, los dos objetivos fundamentales deben ser:

  • Controlar los gastos para llegar bien a fin de mes. Con un sueldo de 1.500 euros mensuales y unos gastos de 2.000, es imposible. Hay que empezar por gastar menos de lo que se ingresa. 
  • Aumentar los ahorros cada mes. No importa si se ahorran 5, 50 o 100 euros, lo importante es empezar a ahorrar y mantener ese hábito. La estabilidad financiera permitirá ahorrar cada vez más. Cuanto antes se empiece mejor. 
  • Por último, hay que ponerse objetivos reales. Si tenemos deudas no podemos ahorrar. Primero son las deudas, luego el ahorro. Por otro lado, si el sueldo es de 1.000 euros, no se puede poner como objetivo de ahorro 900 euros. Todas las personas tienen gastos y, aunque se pueda ahorrar esa cantidad, es preferible hacerlo poco a poco para, una vez más, mantener el hábito.

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