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¿Cuánto petróleo queda?

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¿Hasta cuándo tendremos petróleo para utilizar? ¿Nos estamos quedando sin oro negro, o existe una campaña detrás?

La respuesta es difícil de conocer ya que los intereses que juegan en este negocio multimillonario hacen inclinar la balanza para un lado o para el otro. Lo cierto es que queda menos que tiempo atrás, por lo que su vida útil ya no es la misma.

Los estados más desarrollados han empezado a investigar y a poner en práctica energías alternativas, más limpias y más baratas, pero para masificar su uso deben modificarse conductas ciudadanas y empresariales, y por sobre todas las cosas, deberán caer los intereses de quienes hoy, manejan los hilos del mundo.

A pesar de que se sigue investigando y explorando diferentes regiones, quienes ostentan esta riqueza natural, están viviendo momentos de fuertes definiciones, ya que deben apuntar sus políticas a largo plazo, con un problema real, están agotando sus reservas.

Cuando hablamos de esta situación, no quiere decir que en uno o dos años se quedarán si una de sus principales fuentes de ingresos, pero se encuentran en la disyuntiva de gastar recursos en nuevas exploraciones, o empezar a buscar fuentes alternativas, y eso es muy difícil para países que han basado su historia en la producción de petróleo.

Sin embargo, las realidades son diferentes, y no todos están en una situación angustiante. Entre los primeros 10 productores de petróleo del mundo, tres cuentan con reservas que no superan los decena de años, Mexico con 10 y dos potencias económicas que además de generar, son quienes más consumen en la tierra, Estados Unidos y China con 12 y 11 años de reservas respectivamente.

En el medio, un poco más relajados, Rusia y Canadá tienen unos 22 y 24 años, aunque tampoco es mucho. En un escenario más relajado se sitúan Irán con unos 87 años, Emiratos Árabes Unidos con 90, y Kuwait y Venezuela con 100 y 101 cada uno.

El caso chino

La situación de China resulta la más compleja, ya que su crecimiento económico ha ido de la mano con la utilización del petróleo, y ese boom le ha generado una fuerte dependencia. Según un informe del Word Energy Outlook, en 2025 China se transformará en el importador número uno del mundo, desplazando a Estados Unidos.

Ahora Pekín ha apostado por una doble estrategia, la compra de empresas extranjeras que producen este oro negro, y la construcción de fuentes alternativas, como son inmensos gasoductos que cruzan el continente asiático para llevar energía a ese país.

Frente a este panorama, las grandes potencias están a la caza de nuevas energías, que les permitan crecer y consolidarse, porque quien domine las zonas de generación de recursos tendrá en sus manos nada menos que el poder central, y sabemos que para obtenerlo, el fin justifica los medios.

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