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Cayne se borra de Bear Stearns en plena tempestad

 

En plena polémica respecto a la rentabilidad de cometer delitos fiscales en España tras la resolución por el juicio del caso Gescartera (11 años de cárcel para el principal imputado, Antonio Camacho) llegan noticias relativamente parecidas desde Estados Unidos pero esta vez no por un delito sino más bien relacionadas con la mala gestión. Y es que el presidente del Consejo de Administración de Bear Stearns, James Cayne, vendió sus acciones del banco por 61,3 millones de dólares apenas un día después de conocerse la mejora de la oferta de JP Morgan Chase por el quinto mayor banco de inversión del país hasta los 10 dólares por acción.La venta de sus activos por parte de Cayne a un precio de 10.84 dólares supone una importante señal para el conjunto de pequeños inversores. Si el capitán abandona la nave será que no hay perspectivas de mejora, ya que en teoría será difícil encontrar una persona mejor informada que él. Al margen de este es tipo de consideraciones, la actuación del mandatario sirve para echar más leña al fuego en el ya encendido debate sobre la retribución de los altos ejecutivos. Durante los últimos años la figura del directivo estrella ha llevado a elevar sistemáticamente los salarios de consejeros delegados y presidente al tiempo que también se han creado jugosos sistemas de incentivos como stock options y otros modelos similares. Sin entrar en consideraciones sobre estos emolumentos, que podían alcanzar hasta los 50 millones de dólares al año, la situación ha sido relativamente tranquila hasta que han comenzado a darse los primeros casos de descalabros financieros.

El cese de Stanley O’Neal como presidente y CEO de Merril Lynch supuso el primer síntoma de aviso en este sentido. Después de convertirse en el segundo empresario mejor pagado de 2006 con unos ingresos de 46,4 millones de dólares, se vio obligado a abandonar la entidad bancaria a apenas un año más tarde tras anunciar unas pérdidas de 2.240 millones de dólares trimestrales en octubre de 2007 como consecuencia de la crisis de las hipotecas subprime. Los números rojos no impidieron a O’Neal recibir un cheque de 161,5 millones de dólares entre opciones sobre acciones, bonos, beneficios por la jubilación y compensaciones atrasadas. Muchos analistas y, sobre todo accionistas pusieron el grito en el cielo.
Ahora Cayne hace algo parecido. Todavía no ha sido cesado en su cargo, pero ya se ha embolsado más de 60 millones de dólares por una gestión que ha llevado al quinto mayor banco de inversión de EE.UU. prácticamente a la quiebra y como una de las primeras víctimas de las crisis financiera. Por eso, muchos expertos pequeños inversores y gobiernos empiezan a preguntarse hasta qué punto debería hacerse a estas personas y el sistema financiero en general en responsables de sus actos y, por lo tanto, exigir responsabilidades más allá del despido.

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