Tres emociones clave para tus finanzas

Existen factores diversos que condicionan tus decisiones financieras. Las emociones resultan ser un factor muy importante y determinante en estas decisiones.

Finanzas y emociones

A la hora de tomar decisiones que tengan que ver con nuestras finanzas personales, las emociones afectan de manera decisiva en muchos casos nuestro juicio. Esto no ocurre sólo en el ámbito de la economía doméstica, también en el ámbito de la inversión a nivel personal. Y, por supuesto, aunque de manera más controlada, también en ámbitos decisorios en el que macroeconomía se refiere.

Por ello, resulta muy importante identificar aquellas emociones que más influyen en nuestra manera de tomar decisiones financieras. En este caso nos vamos a centrar en tres emociones clave para tus finanzas.

El miedo y las finanzas

El miedo es una de las emociones más conocidas en cuanto su relación con las finanzas. Curiosamente, y aunque pareciera lo contrario, puede que no sea la más peligrosa de las emociones que vamos a repasar.

El miedo a la pérdida patrimonial es absolutamente lógico. Sin embargo, cuando el miedo se utiliza como patrón de medida para las decisiones financieras, nunca suele ser una buena idea. El motivo fundamental es que, las decisiones impulsadas por el miedo nos hacen perder la perspectiva de las oportunidades.

Un buen ejemplo lo tenemos en los ataques de pánico que un inversor con miedo puede sufrir a la más mínima pérdida o movimiento de mercado negativo en su inversión. En este caso, en vez de entender que los mercados se mueven y las pérdidas pueden compensarse o el producto mejorar, el miedo nos lleva a retirarnos de la inversión, y probablemente perder dinero.

Lo que no debemos hacer es confundir miedo con perfil conservador o control de la inversión o el ahorro, o el gasto. El control de nuestro dinero es básico, y por tanto, un seguimiento controlado de las finanzas personales también lo es. La mejor manera de manejar el miedo en las finanzas es tener la mayor cantidad de información y conocimiento posible, o, apoyarse en asesores de confianza.

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El exceso de confianza y tu dinero

Este sería el vértice contrario al miedo, y, curiosamente, puede ser más peligroso que él. Cuando el miedo rige nuestras emociones financieras tendemos a protegernos o, a no entrar en gastos, ahorros o inversión. Sin embargo, la emoción del exceso de confianza, nos lleva a todo lo contrario: a caer en gastos, inversiones o movimientos financieros que, no tomaríamos de manera razonada.

Si el miedo puede venir dado por la falta de conocimiento financiero, curiosamente, el exceso de confianza puede venir dado por manejar dichos conocimientos con mucha soltura. De hecho, es una emoción que puede influir relativamente a menudo en los inversores avezados.

El exceso de confianza es tremendamente peligroso para nuestro bolsillo. Hace que nos fiemos de manera excesiva en aquello en lo que confiamos. De esta forma, limitamos la valoración del riesgo, pero también retiramos valor a lo que estamos haciendo con nuestro dinero.

El conservadurismo

Ser conservador en las decisiones financieras es una buena idea, entonces, te preguntarás, porque lo incluimos como una emoción que condiciona tus decisiones. Y lo hacemos porque, ser conservador se refiere a un perfil ahorrador, de control sobre el dinero, pero capaz de asumir herramientas como la diversificación, el gasto necesario, etc. Es decir, en este caso el conservadurismo hace más referencia a una posición ante el mercado, los productos de ahorro o el gasto, que a un sesgo de carácter.

Sin embargo, cuando nos invade el exceso de conservadurismo con respecto a nuestro dinero, perdemos la perspectiva de análisis de las oportunidades. Algo parecido a lo que ocurre con el miedo, pero que en este caso no se extiende a una decisión o momento concreto, sino al conjunto de las posibilidades de ahorro o inversión habitualmente. También del control del gasto.

Mantener una posición en exceso conservadora, hará que no entendamos el valor de la diversificación por ejemplo, donde una parte de nuestro dinero puede asumir riesgo en busca de mayores rentabilidades. Otro ejemplo, puede ser, el miedo a las inversiones nuevas, o nuevos modelos de finanzas.

No se trata de las únicas emociones que influyen en nuestra economía, de hecho hay muchas. Algunas tienen que ver con nuestra cultura o elementos sociales, otras con nuestra actitud o la percepción del esfuerzo o el origen del dinero. Lo interesante es ser capaz de detectar aquellas emociones que más nos influyen a la hora de tomar decisiones financieras.

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