¿Se puede aplicar la frugalidad a la economía personal?

Uno de los términos más utilizados en los últimos años a la hora de señalar las modificaciones en los hábitos de vida es la frugalidad. Obviamente, no se trata de un término nuevo, pero está muy lejos de aquel antiguo concepto en el que se asociaba a una persona frugal con una persona tacaña.

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De hecho, aunque sólo sea aplicando en parte ideas que nacen de la frugalidad, podemos obtener provecho de los conceptos que emanan de esta suerte de estilo de vida.

Cuál es la idea básica de la frugalidad

El concepto básico de la frugalidad es no gastar más de lo que realmente se necesita para vivir (desde el punto de vista económico) pero, se puede aplicar a cualquier ámbito en la vida, por ejemplo, no comer más de lo que es estrictamente necesario para nuestro organismo, no poseer más objetos de los que realmente se necesita, etc.

La frugalidad aplicada a tu economía personal

Está claro que la frugalidad puede ayudarnos muchísimo en nuestra vida personal, así como también en nuestras finanzas, sin duda es algo que deberíamos plantearnos hacer.

La mayor parte de las personas tiende a hacer una acumulación de productos financieros que no tiene mucho sentido. Acumulamos tarjetas sin necesitar todas ellas, acumulamos cuentas bancarias que olvidamos cerrar y que a la larga pueden suponer problemas graves, contratamos productos financieros sin un análisis profundo de lo que nos suponen, etc.

Para aplicar la frugalidad en nuestras finanzas, debemos revisar a fondo lo que tenemos y, en un ejercicio de realismo, decidir lo que necesitamos realmente. Normalmente basta con tener una cuenta nómina, puede que una cuenta de ahorro, los seguros necesarios para tu protección y aquellos productos de ahorro e inversión que más se ajusten a ti.

Hay que tener en cuenta que frugalidad no significa dejar de cubrir las necesidades fundamentales de cada uno. En el caso de los seguros, por supuesto no se trata de abandonar la protección que éstos nos brindan, sino de elegir bien aquello que se está contratando y que sus coberturas sean las que realmente necesitamos.

Algunos consejos básicos que se podrían poner en práctica

Confecciona un presupuesto detallado que incluya tus ingresos y analiza profundamente tus gastos, comienza por reducir los gastos prescindibles, y procura optimizar los gastos útiles. Estos presupuestos cuando se realizan de manera honesta con uno mismo suelen dar resultados muy positivos.

Dale un nuevo uso a los objetos que no utilizas, puedes tratar de rentabilizarlos a través de la venta o puedes intercambiarlos o donarlos. Racionaliza el consumo de espacio en tu vivienda pero sobre todo determina lo que necesitas o no.

Nunca realices compras sin meditar. Incluso aquellas compras que puedan parecer más recurrentes deben ser meditadas, evaluar siempre la necesidad y los costes de lo que se va a adquirir es un gran aliado de nuestro bolsillo. Por supuesto hay que huir de la compra compulsiva y del gasto por gastar.

Realiza un buen inventario de tus pertenencias. Busca determinar aquellas con un uso irrenunciable, aquellas con menor uso o directamente sin uso, y aquellas que guardas por su valor sentimental. Esto no sólo da la perspectiva de lo que ya posees sino también te orientará ante futuras compras.