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El economista camuflado en la Fórmula 1

Salió hace meses un libro de esos que parece conscientemente escrito para ser un best-seller, “El economista camuflado. La economía de las pequeñas cosas”. He leído algunos capítulos y no parece mal encaminado, aunque hay algunos temas en que se puede disentir. Hace tiempo, y no se dónde, debí leer algo que se me quedó grabado. La idea era más o menos la siguiente. La economía es el estudio de los bienes escasos. Una economía será eficiente si hay una correcta asignación de los recursos que esté en relación a su escasez, esfuerzo requerido en confeccionarlos y a las necesidades y preferencias de los demandantes de esos recursos. En tiempos de la Unión Soviética, decía el libro, se podía ver a los niños jugar al fútbol con panes, eso implica que se trataría de una economía ineficiente. El esfuerzo en elaborar el pan podía haberse empleado en otra cosa mejor que en desbordar el mercado de pan.

Pues bien, al margen de que fuera cierto o no lo de los panes rodando por la calle en la URSS si conviene, de vez en cuando, hacer alguna reflexión volviendo a los orígenes más elementales de los conceptos.

En los pasados meses, y hoy día, el fenómeno Alonso ha sobrepasado lo imaginable. Los comentarios y especulaciones sobre Hamilton, sus novias o el humor de Ron Denis llegaron incluso a los magazines televisivos. En Internet la avalancha de foros, webs, videos y demás ha sido impresionante.

Analizando un poco, y desde lejos, lo que nos llega, e intentando hacer un análisis sintético, se pueden concluir ciertas ideas que probablemente no sean todas ciertas, pero que estarán cerca de la verdad. Un equipo de Fórmula 1 es, más o menos, una empresa. La empresa tiene clientes y proveedores, empleados y objetivos. Debe intentar dar a sus clientes satisfacciones: una buena imagen, transmitiendo sentimientos positivos a los aficionados. En esa empresa habrá un gestor, que tiene que lidiar con personas competitivas y muy jóvenes, posiblemente impulsivas, algo difícil pero que va con el cargo.

En mi opinión, si algo ha quedado claro en todo este asunto, es que la gestión de Ron Dennis debe ser todo un ejemplo en el mundo del management de lo que no se debe hacer. No se qué sucederá, pero las habilidades que requiere ese cargo: gestionar personas y dar una imagen coherente con los objetivos comerciales de sus patrocinadores, ese señor no las tiene. Creo que los pilotos están al margen de cualquier crítica, el deber del gerente es que éstos cumplan los objetivos de la organización, para eso están ahí, si alguno ha sacado los pies del tiesto es porque se le permitió. Dejar que se generen conflictos, o peor, dar una imagen de fractura interna, el posible deterioro de la imagen de los patrocinadores y el incumplimiento, en una situación absurda, del objetivo último, dejan en muy mal lugar la gestión de este equipo.

En circunstancias normales no se estaría hablando del próximo equipo de Alonso, sino del próximo candidato a gerente de McLaren.

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